15. 4. Gauguin (1848 - 1903)

 

15.4. El Postimpresionismo

Cezanne

Toulouse-Lautrec

 
Van Ghogh
 
Gauguin
 

Gauguin es el ejemplo que representa el mito del bohemio y del primitivismo. Él encarna la necesidad de unir arte y vida. Esta es una utopía presente en la vanguardia.

Rechaza la sociedad industrial.

Deja Paris y escapa a La Martinica, a Pont-Aven, a Tahití, islas Marquesas...

Siente atracción por la naturaleza y por el arte de los pueblos primitivos por su autenticidad. Rechaza lo académico.

Influye en su obra la estampa japonesa y la técnica de las vidrieras medievales.

Su estilo se ha incluido dentro del llamado "Sintetismo".

Lo que hay que pintar es la idea que elabora el pintor después de su experiencia concreta. Prima la imagen basada en el recuerdo que quita lo superfluo y retiene la esencia, que para él es la síntesis de forma y color.

 

Revisa el impresionismo:

  • No busca captar la realidad de la luz sino expresar sentimientos mediante colores arbitrarios, emocionales
  • Emplea superficies planas de color
  • Delimita con precisión las figuras mediante la línea
  • Presenta extrañas perspectivas.

Anuncia el expresionismo y el fauvismo.

 
    "Cierro mis ojos para ver". Paul Gauguin.
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La visión después del sermón (1888)

Un grupo de mujeres, tras escuchar el sermón, se les aparecen Jacob y el ángel.

Gaugin recupera el dibujo y sobretodo el contenido y las emociones que los impresionistas habían perdido.

Los colores son simbólicos, no reales. Son planos y no se nota la pincelada.

Nitidez de los contornos, de las formas. El trazo de los objetos y los personajes los aísla entre sí.

Expresividad y espontaneidad.

Influencia japonesa en el estudio de la perspectiva y en los planos de color, sin gradación.

Es un canto a lo primitivo, a las emociones de las mujeres sencillas impresionadas por el sermón que acaban de escuchar y les lleva a ver una visión bíblica.

Los surrealistas y, sobretodo los expresionistas, encontrarán en él su antecedente.

 
 
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El Cristo amarillo (1889)

El Cristo se convierte en el protagonista de la escena, con ese color amarillo y las líneas de los contornos muy marcadas, siguiendo la técnica del “cloisonné” (técnica china que consiste en colocar sobre la superficie a esmaltar un hilo de metal, que tanto puede ser plano como redondo, y llenar los huecos que quedan con esmalte para cocerlo y conseguir después una superficie lisa y perfectamente limitada) y de las vidrieras medievales.

Junto a Cristo aparecen tres mujeres bretonas, lo que sugiere que nos encontramos ante una nueva visión provocada por la intensa devoción y emoción de las mujeres, igual que en La visión después del sermón. Al fondo, una figura salta una valla, lo que puede indicar el deseo de evasión, continuamente presente en el ánimo del artista. Lo primitivo, con las mujeres, y lo simbólico, intentando transmitir un mensaje, están presentes en la escena, al igual que lo real y lo imaginario. El colorido es típico del otoño bretón, con unos maravillosos colores amarillos mezclados con naranjas y verdes, en paralelo con el Cristo.

 
 
De espíritu inquieto y poco sociable, en su rechazo a occidente, emprende viaje a Tahití y llega en 1891 donde comienza sus famosas pinturas tahitianas llenas de primitivismo y simbolismo que demuestran su alma bohemia.
 
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Mujeres tahitianas en la playa

Una de las mujeres, la que queda a la izquierda del cuadro, viste a la manera tradicional, con ornamentación esquemática y plana que recuerda las estampas japonesas. Sin embargo, la de la derecha viste un vestido rosa típico de las misioneras.

Está pintado con la técnica conocida como «cloisonismo»: encierra con trazos negros o azul de Prusia los colores planos. Destaca la perspectiva forzada que deforma los cuerpos.

 
 
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Alegria, Arearea

Presenta a dos jóvenes sentadas bajo un árbol, una de ellas tocando la flauta; en primer plano encontramos un perro rojo y, al fondo, tres mujeres que adoran a un ídolo.

Las tonalidades son aplicadas de manera plana, sin dar sensación de profundidad - influencia de la estampa japonesa - jugando con verdes, amarillos, naranjas y blancos, que dotan de inmensa alegría a la imagen.

El primitivismo que tanto interesaba al artista se encuentra en las figuras del fondo así como la pose hierática de las dos protagonistas, pintadas como si fueran estatuas maoríes.

Cuando la obra fue expuesta en París en el año 1893, el perro rojo causó risas y escándalo, signo inequívoco de la incomprensión hacia la pintura de Gauguin.

 
 
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Mujeres con flores de mango

Los hermosos rostros están perfectamente dibujados, incluso, ambas figuras no resultan tan planas como otras de estos momentos, colocando la mano que sujeta la bandeja en escorzo, al igual que la cabeza de la joven de la derecha. El conjunto de colores o gama cromática utilizada resulta muy llamativa al realzar el ocre y la piel tostada de las muchachas con el color rojo de las flores, el azul del vestido o el verde del fondo.

 
 
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¿De dónde venimos? ¿qué somos? ¿a dónde vamos? (1897)

Con un formato llamativamente horizontal, el lienzo sigue una evolución cronológica inversa, comenzando en su extremo izquierdo con la desoladora figura de una momia que, en posición fetal, tapa sus oídos como intentando mantenerse ajena a toda la escena; mientras que en el extremo izquierdo, un bebé, símbolo de la inocencia y la vida, es cuidado por tres jóvenes tahitianas. En el centro, la figura del hombre que coge un fruto simboliza la tentación y caída del hombre. Estructurando el cuadro en un sentido cronológico inverso, Gauguin parece señalar lo primitivo, lo inocente, como único camino a seguir por el artista.

 
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