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catedrales de perfil
buenos aires (argentina), rundinuskin editor, 1991
 

mil puertos

  es por su sombra
unida tan suave
a mi nombre
  alejandra pizarnik

cómo pienso tus dedos
largos de tejer relojes

tu lengua
de silbar pasillos

tus brazos quietos
cuando
me pierdo

  y ya no vuelvo alguien

¿Te acordás
cuando adheridos al pavimento
florecido de violetas,
cuando sentir que nos hundíamos
en la nube de calor y vidrio
que flota junto a la ventana de tu cuarto

Pero los pájaros
se deshojan
cuando abrís tus piernas al cielo de
tu vientre terso
y tu boca
sangra espuma de alquitrán caliente
una muela rota
o quizá el verano

  en el espacio de arena
y jugo de tus ojos
de tus pies
polvo.

quiero
que recorras mi líquido
que te subas al centro de
la espiral de mi náusea
y te envuelvas
entre los cables de mi cápsula de tos


que jugamos a la escondida
entre la carne deshecha de
mis pulmones

  (o a la mancha)
   
que deslizarnos por el vacío
de tu tinta de sudor
para olvidarnos de
ya queda


  no
   
   
  poco

gasa que me ahoga
cada siempre
desde tanto;
que me águila en celo
que me aguja
máximo de encontrarte
entre líneas de lánguidos
y sueños líquidos,
mínimos de ir su-
dando palabras ajadas
(como si manos en tu imagen de frío)


otro árbol que despereza las hojas hasta
encontrar
el diamante perfecto de

  todas las crestas de tu cuerpo.

Cada piel es una lágrima
de desoxidar jazmines.

Cada jazmin desoxidado es
la esperanza que tenemos todos de volver a verte
a la vuelta de una esquina
o de aquella otra
cubierta de despedidas.

Estoy varado en el desencuentro
de una espuma

Cambiar de camino hacia ir
(hilachas de azul marino en mis encías gastadas)
y explosiones de cintas que hienden tus manos
tu desencuentro de ocasos
tu mirada de estrechos
los que suben.

subís
alrededor de mi cuerpo
el enjambre de todas las noches
en disonancia,
los acordes
que sisean sueños sordos
que me tocan
  me recorren
   
y expulso al espacio
de miles de flores de colores magos
y una nota

Quiero entretejerme
entre las uvas de tu ceniza
   
  desdibujarme
junto al gesto de tu venida
   
   
  (hay llaves
que abren mil puertas:
mil puertos de humo)
   
   
   
   
Quiero morder la curva de tu mañana de nubes
dibujarte sobre perfiles de sábanas
y descubrirte
estrella pálida entre los
edificios de mis recuerdos de luna
   
   
  (hay todas estas llaves;
todos estos puertos de ceniza)

Camino un pasillo
-este estrecho-
abro la puerta
-yo sé que vos tus ojos-
cruzo otro umbral
-ya me ves
nunca antes-



sonrío
falso
silencio



no puedo querer
que te quedes y decirlo
acá;
y hay otros libros
   
   
   
  (no es por eso)

Me abrí a una plaza ciega y
te encontré húmeda en el hueco de un pájaro,
sobre la cornisa de un telar
que va enhebrando las raíces bajo tus lápidas
  los árboles de un mar de tumbas
de millones de ojos que miran desde abajo
desde tu borrachera de martes
desde el humus de una letra,
esperando contarte otoños de cálido
tus otoños de vino
mis mentiras de tierra
que perdiste.

Escenas de pájaros
que sangran voces humanas
roncas voces de árboles
y un camino de alambre


me doy vuelta
no hay nadie
ni una almohada
ni un sueño de espinas de oxígeno

hay leche en mis llagas
gusanos que se alimentan
y el picotazo final de deshacerme

catedrales de perfil

uno

los dedos no se tocan
los cuerpos se traspapelan
y ya no se encuentran
   
  (Pensaría
no
saber
que
hablan
a gritos
mis
silencios
sobre
sus
tumbas)
   
Esta noche
y más gritos


CUÁNDO TERMINA ESTA NOCHE

cuántos

El viejo
tiene las uñas hundidas de arañar baldosas
  las manos secas de bebés enterrados vivos
   

El viejo está
erguido
debajo del árbol

espera
rasguñar en su pecho
su última
t u m b a

  los pies se hunden
por la recova
en las baldosas espesas
miles de lenguas
de tantos muertos
   
   
Quiero espacios
relojes
arena entre la lengua
   
   
   
No quiero caminar muertos
aplastar de una a una sus cabezas;
   
  no dar esperanzas a las uñas:
arrancarlas una a una
hasta que pase una hora.

no se puede
enrostrar a una madre la tumba por la lengua

ahora:

   
  sus manos sangran sudos de mil astillas
leche en las uñas van consumiendo su ceniza
   
   
y en las avenidas
pasos de alambre

p a s o s

Un anillo de huesos
un libro crucificado/

un almanaque
reseco de cuerpos/

un sonido agudo
enredado
en tus piernas de paja
ajustado y
tu cabeza
hirviente de heridas,
abierta en el centro.

En el armario
papeles arrugados
letras incomprensibles
en la negrura
encerrajada.

En la habitación
el mago levanta un brazo de soga,

  dictamina un cordero
pinta de sangre los aguijones
y se deja ahuecar
hasta quedar colgado
de las tetas de una baldosa

acribillado de uñas

un cuadro
me deja clavado a
la pared
desgranándome

las gotas de sangre amarilla
se van colando en mis zapatos:

en cada acto de hora,
que ya pasó de largo.

quién dobla
el diario de ayer
la cara
en mil mitades
la luna seca
la cara negra


quién más se hunde en el polvo

quién de cara a nadie

dos

la señal del tren
cae
la cabeza
por la escalera
desgarrancada
hasta la
cúspide


los ojos de hueco
acribillado

dos de los tenedores
se marean
enhebrando hilos/

dos de cruces
en las uñas/

dos manzanas
agujereadas de biromes/

un solo círculo
delimitando toda la mesa/

Saben que los duendes son alcohol
  que naufragar leña
que pan mojado en
 
y por eso: destino para tus manos de almendra
  para mi vidrio de caracoles lunares
y metal de mil símbolos
   
   
   
   
Saben,
y son azufre entre selvas sin árboles;
copas de miel
rondando por esos dedos.

Los días
se detienen

voy juntando mis ojos
entre los papeles incendiados
esperando
quizá
lámparas heridas;

las horas están marcadas:
son ceniza azul
y cadáveres de ventanas.

Por un espacio de luna subió el duende;
subió el mágico cristal para encaramarse al olvido,
para asomarse a los escombros de esas nubes,
a los residuos de cientos de lunas abandonadas
de millones de ciudades encontradas
y besarlas en las bocas babeantes.

la luna de pasta
como un disco
de luz
dibujado en una
hoja de papel marchita

miro el cuello esterilizado
de botella
esmerilizada
y la luz que se
cuela por las rendijas
y dibuja brillitos en las alfombras

   
   
   
   
   
   
  es tarde de tarde
y las cosas tallan
formas en mis dedos.

uno corre
y el teléfono
le grita ocupado
a la boca


uno tiene
relojes girando en la oreja
y llueven pájaros de soga
por la espalda


uno gime
y todas las voces
susurran otro muerto ajeno

y una cinta
rodea tus manos
hasta asfixiarlas
del sol es invitado,
la niebla es otra sábana,
otra espiral de humo
y miles de televisores.

tres
(catedrales)

1

torres
  voces afónicas
   
cuelga un palio sobre
peces de hilo
y los ahoga

cuelga púrpura
de los ojos
un cáliz
goteante

torres

  espacio acústico
  sordo
  de sombras largas
   
   
catacumbas para las manos

2

el cáliz
pisotea las cabezas
se pone un sombrero,
cuelga un pez del
ala del ángel
y sale
de polvo
entre el yeso de las
imágenes

3

las paredes
cárceles que cruzan
los cuerpos

las paredes
de miles de
cabezas apiladas,
de manos
y piernas

de la sangre del dios
desclavado de
clavos en nuestros ojos

cuatro
(final)

arrodillado entre barriles
caen las ojas de los hojos
acodado,
caen los ojos de las manos.

Sobre la estantería, entre los libros, se sienta
un muñequito de goma que no cuenta los días
y lo mira
con ojos largos de señuelos plateados
escurriéndose por los peldaños.

Piensa en hendijas
y el pelo se le enrieda en las uñas;
los ojos
desde el suelo ven todo más alto
como si fotografías
y calcula el tiempo que tardaría desde allí

   
   
   
   
   
  hasta abajo
y sabe (sabe todo)
   
   
   
   
en cuclillas entre retazos
los libros que ya no quieren y a él
le flaquea la misericordia:
es la hora de EL MUÑEQUITO CAE
y se estrella contra el final


al hombre en cuclillas le nace una carcajada en la nariz

y el muñeco es feliz

elásticamente

   
   
 
   
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